Quiénes Somos

Entregamos a cada alumno una educación personalizada, que se traduce no solamente en el desarrollo de sus habilidades cognitivas o intelectuales, sino que también en la formación de virtudes. La formación espiritual está encomendada a la Prelatura del Opus Dei.
Consejo de Dirección
Director del Colegio Tabancura
Santiago Baraona
Director del Colegio Tabancura
Secretario General del Colegio Tabancura
Ronald Bown
Secretario General del Colegio Tabancura
Subdirector para el III ciclo
Marco Antonio Orellana
Subdirector para el III ciclo
Subdirector para el II ciclo
Daniel Poblete
Subdirector para el II ciclo
Subdirector para el I ciclo
Manuel Uzal
Subdirector para el I ciclo
Subdirector de Formación y Desarrollo
Benjamín Prieto
Subdirector de Formación y Desarrollo
Historia del colegio

Intentar hacer muy bien las cosas fue la idea madre que ha guiado al Colegio Tabancura cuando aún era un proyecto. El grupo promotor que asumieron la responsabilidad personal de sacarlo adelante, sabían que contaban con la gracia de Dios y con su espíritu de iniciativa; no eran expertos ni tenían experiencia en la creación de colegios. Eran padres de familia, profesionales y dueñas de casa; pero la palabra formación (formarse y formar) la tenían muy clara. Tenían también muy claro que la formación de un cristiano es tarea de toda la vida y no solamente de su etapa escolar. Sabían que un colegio es una ayuda eficaz, pero que ellos serían siempre los primeros y los
principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural. El ideal de hacer de sus hijos hombres auténticamente cristianos lo sentían como una necesidad. Y esta y no otra fue la llama que tenían que propagar cuando fueron interesando a otros padres de familia al nuevo colegio que se habían propuesto crear.

¿Quiénes eran? Hombres y mujeres que venían recibiendo la formación espiritual del Opus Dei. De su Fundador, habían acogido – como en tantos otros países- con fe y con entusiasmo la idea de crear colegios que colaboraran con los padres de familia en la formación cristiana de sus hijos. Fuera de la ayuda
espiritual de la Obra – que es la única que la Prelatura presta- sabían que tododependía de su responsabilidad e iniciativa personal. ¿Director, profesores, terreno, construcción, elaboración de un proyecto educativo?, en una palabra, casi todo, tenían que hacerlo ellos y las personas que ellos interesaran o contrataran para sacarlo adelante. El espíritu estaba; para todo lo demás tenían que valerse por sí mismos.

Es cierto que el proyecto Tabancura tenía precursores. En otros países, San Josemaría Escrivá había alentado a padres de familia a poner en marcha, con su responsabilidad e iniciativa personales – y no a la Obra – colegios en que sus hijos recibieran una sólida formación cristiana.

Los tiempos que corrían eran de incertidumbre. La crisis del países ese momento plagado de ideología, afectaba de modo muy directo a la formación religiosa de los hijos. Crear un colegio sano, seguro, era una necesidad. En los primeros escritos para dar a conocer el proyecto se decía: “La labor pedagógica del Colegio Tabancura se propone como fin lograr el pleno desarrollo de la personalidad del alumno, mediante una formación que abarque los aspectos intelectual, humano y espiritual. Constituye, por tanto, preocupación central del Colegio proporcionar a los alumnos un ambiente de libertad, sinceridad y alegría; de espíritu de generosidad, de iniciativa y de colaboración con los demás. Crear alrededor del alumno un clima en el que, junto a los hábitos fundamentales de trabajo y disciplina, esté presente de modo natural el espíritu de libertad paralelo a un profundo sentido de responsabilidad”.

Educación personal… trato personal. Estos objetivos estaban presentes desde los inicios. Gente responsable, doctrina de siempre de la Iglesia, confianza, fe e ilusión de hacer algo grande: esto fue un atractivo clave para entusiasmar a muchas familias.

Un grupo de personas, entre las que se contaban algunos papás del futuro colegio, compraron en ese momento el predio completo de la chacra La Esperanza, con el propósito de urbanizarla y a petición de esos papás vendieron 5 hectáreas para el Tabancura. La escritura se firmó el 11 de Septiembre de 1969.

El Colegio comenzó a funcionar en la calle Tabancura N° 1301, interior, entre avenida Las Condes y avenida Vitacura. En ese tiempo, la lejanía hacía exclamar a los papás: “Para llegar hasta allí (el Colegio), tendremos que sacar pasaporte”.

El Director, por su parte, tenía la ardua tarea de encontrar Profesores capaces de entender – y de hacer propio- el Proyecto Educativo. Con 278 alumnos, de Kínder a 8°Básico- una cifra elevada para un colegio que nacía- en marzo de 1970, se iniciaron las clases. Para poner todo a punto para el primer día, se movilizaron generosamente papás y mamás dispuestos a todas las tareas caseras propias de las piedras finales: acarreo de bancos, limpieza de vidrios, etc., con la ilusión de estar contribuyendo a algo que sentían muy suyo.

En 1971, un año después, fue necesario añadir un curso por nivel entre Kínder y 4° Básico.
Relación con Seduc

Tabancura es uno de los 6 colegios sostenidos por la Sociedad Educacional, Seduc Limitada. Esta organización tiene como fin entregar apoyo formativo, académico y administrativo a los establecimientos educacionales que están bajo su alero, además de velar por la educación personalizada e integral que es el sello característico de los colegios que pertenecen a esta entidad. Para más información, visitar seduc.cl
Relación con el Opus Dei

La prelatura del Opus Dei es la encargada de entregar la formación espiritual y ayuda sacerdotal a los alumnos y familias del Colegio Tabancura.

Esta espiritualidad consiste en buscar la santidad en la vida cotidiana, es decir, a través del trabajo de cada día, lo que el colegio hace vida en cada una de los alumnos inculcando el amor al saber, el estudio bien hecho y a la práctica de todas las virtudes como la caridad, el servicio, el respeto y la piedad. Para más información, visitar www.opusdei.cl
Himno del colegio

Tres barcos navegando,
rumbo al puerto final,
cargados de ideales,
seguros en su andar.

Coro

En nuestro Tabancura
se nos ayuda a viajar,
llevando a Dios por el viento,
por timón nuestra mente y voluntad.

El horizonte nos llama,
vale la pena viajar,
avanzando cada día
con optimismo y veracidad.

Coro

En nuestro Tabancura
se nos ayuda a viajar,
llevando a Dios por el viento,
por timón nuestra mente y voluntad.