Palabras en conmemoración de los 50 años del Colegio

Editorial de don José Reyes: "Una corta pero asombrosa experiencia"

18 de Mayo de 2021

A finales del 2013 ya me encontraba terminando los últimos cursos en la universidad, cuando una de mis profesoras me llamó para comentar que  necesitaban profesores en un colegio, y que enviara mi currículum para comenzar el proceso. Yo me animé pero con algo de preocupación, ya que al año siguiente debía prepara el examen de grado y necesitaría tiempo para esto, no estaba seguro de poder compatibilizar ambas cosas, pero de todas formas inicié el proceso. Me entrevistó Don Manuel Uzal con quien tuve un buena conversación, luego me indicó que si todo iba bien continuaría avanzando en las etapas. 

Fue así como finalmente llegué al colegio Tabancura. Me di cuenta que aparte de tener excelentes resultados académicos, el ámbito espiritual y deportivo eran prioridades en el colegio, respondiendo a todos las dimensiones de la persona. De esta forma, mis ganas por estar en el colegio Tabancura fueron creciendo cada vez más.

Ya en el colegio, poco a poco fui viviendo algunas experiencias que no me dejaban de sorprender, como por ejemplo: las capacitaciones del programa PEIS, en donde se notaba una gran preocupación por conectar la teoría con la práctica. Habían especialistas del mundo académico, profesores compartiendo sus experiencias, y todo en un grato ambiente de aprendizaje. Por otro lado, las salas tenían un gran tamaño, en donde se consideraban espacios para tener biblioteca de aula con una amplia variedad de libros, una alfombra para dar indicaciones generales, mesas organizadas en grupos para dar prioridad al trabajo colaborativo en el desarrollo de las actividades planificadas. La minuciosa preparación de entrevistas, abordando los diferentes ámbitos de cada uno de los estudiantes. En fin, un gran listado de cosas que me permitieron descubrir el gran colegio en el que ya me encontraba.

Avanzando en mi primer año, llegó el momento de realizar la visita de misericordia. Fuimos a un jardín vulnerable, en el que los niños, algunas mamás  y profesores, compartimos con niños que presentaban diferentes necesidades. Desarrollamos actividades, conversamos, organizamos algunos juegos y ayudamos en la huerta que ellos tenían. Aquí, es donde pude ver como nuestro quehacer cobra aún más sentido, viviendo diferentes virtudes como: el compañerismo, el respeto y la laboriosidad. Todo a partir de la experiencia de compartir con los demás. 

Creo que estas experiencias son las más significativas dentro de nuestra comunidad educativa, ya que siempre se atesora algún noble recuerdo de estas visitas en donde ayudamos a los demás, pero también en donde los demás nos ayudan a ser mejores personas.

Finalmente, en la actualidad para nadie es desconocido que vivimos una situación complicada con respecto a la pandemia que ha azotado al mundo. No obstante, ante las dificultades que se han ido presentando, sorprende gratamente ver como en el equipo de profesores se va desarrollando la creatividad, el uso de aplicaciones, plataformas, en fin, la tecnología al servicio de las nuevas necesidades que van surgiendo. 

Sin embargo, lo que más me sorprende no es esto último, sino que ver como nuestra comunidad educativa completa, muestra buena disposición, flexibilidad y por sobre todo, compromiso para que nuestros niños y jóvenes reciban lo mejor de nosotros. Creo que cosas como éstas son las que alimentan constantemente mis ganas de trabajar en este gran colegio, el colegio Tabancura.