Felicitaciones a los nuevos egresados

Discurso de graduación de Santiago Guridi del IV°"B" 2021

12 de Noviembre de 2021

Estimadas familias, consejo de dirección, profesores, auxiliares, administrativos, sacerdotes y más importante, compañeros,

Immaculée, la ruandesa que sobrevivió al genocidio, tras 91 días encerrada en un baño, escribió un best-seller de clase mundial. Viktor Frankl, psiquiatra polaco durante la segunda guerra mundial, tras 3 años en un campo de concentración, escribió un libro considerado de los más influyentes en la edad moderna. La conclusión lógica es que yo, ya ex-alumno del Tabancura, tras 12 años con clases de educación física, sería capaz de escribir –al menos– un discurso de 1300 páginas sobre el tema.

Pero los veo impacientes, ávidos por llegar a sus casas y de una vez por todas, comer. Me recuerdan al curso preparándose para correr esas repeticiones de 200 metros cuando ya había tocado el timbre para el almuerzo. “Forma carácter”, decían los profesores; así que, si me alargo, perdóneme, pero estoy intentando formarles el carácter.

Dos cosas he aprendido en todos esos test de Cooper, en los 1500 con obstáculos, en los 800 metros planos, en los circuitos y sobre todo, en las 6 vueltas a la carretera, porque esas si que eran largas y daban para pensar.

Primera lección: la actitud es clave. Nunca nos sentiremos completamente preparados al enfrentarnos con cualquier prueba; ni en educación física, ni en la vida. No seamos ilusos, nunca estaremos preparados. Siempre hubo y va a haber algo mejorable: que hace mucho que no corro, que hay mucho sol, que podría haber ido al baño antes, que lo midió Marcelo y no Sebastián, que no tomé desayuno. Miren, lo que realmente importa es el cómo nos posicionamos nosotros ante los desafíos y bueno, tomar desayuno. Tontos son aquellos que salieron de su casa sin comer nada y después se están muriendo porque el paquete de galletas Club Social no les bastó. Necios somos también quienes buscamos pretextos para ponernos el parche antes de la herida. 
Qué admirable son los que, estuvieran en el grupo que estuvieran de educación física, daban la vida en cada prueba. Qué admirable es esa gente que hace un esfuerzo consciente por mostrar la mejor cara posible. Persigamos esa actitud de disfrutar del proceso, de realizar el mejor trabajo posible, de estar hecho puré a la hora de acostarnos pero contentos porque hicimos lo que teníamos que hacer y agradecidos por todo lo que hemos recibido. Aunque no lo crean, hay gente que es así; algunos están sentados cerca de ustedes.

Segunda lección: actitud sin constancia es más penca que un 3 en Historia del Arte. Y lograr desarrollar hábitos no es fácil. Vamos tan apurados por la vida, tan concentrados en hacer muchas cosas, que nos olvidamos del para qué lo hacemos y del cómo vamos. ¡Mal ahí! No había nada mejor que, durante el descanso para tomar agua, acercarse a la planilla de marcas y ver cómo habíamos progresado a través de los años. Son escasas las excepciones donde no vimos mejoras en ningún ámbito. De la misma manera, el desarrollo de la sociedad avanza, aunque muchas veces creamos que retrocede. Es el trabajo constante, muchas veces anónimo, de nuestros padres y abuelos, que trabajaron por entregarnos un Chile mejor al suyo. Ahora nos toca a nosotros.

El premio de la constancia es el progreso personal y cáncer al pulmón por haber corrido con pre-emergencia ambiental. En muchos casos también, las anécdotas son el premio; que ocurren por el simple hecho de haber estado presente. Miren hacia el pasado. Levantarse en la mañana todos los días de la semana e ir al colegio fue lo más provechoso que podríamos haber hecho. Quizás muchas veces no fue iniciativa personal. Pero, ¿se arrepienten? ¿Quién habría predicho todas las risas que hubieron? ¿Quién habría predicho que un día cualquiera el profesor se caería junto con su dignidad frente a todos nosotros? ¿Quién habría predicho ese plumón volador que le llegó al pelmazo que se estaba portando bien? Lo único que pudimos predecir fue la batalla campal con pistolas Nerf frente al profesor –que nos miraba impávido–, porque estaba organizada con días de anticipación. ¿Qué más podemos pedir? Incluso teníamos calefacción natural y orgánica en pleno invierno, capaz de hacer otro hoyo en la capa de ozono. Hablaré desde la vivencia personal, mas siento que abarco la opinión de muchos: no puedo estar más agradecido por todas las experiencias, condiciones de vida, y por todo el conocimiento que adquirí; pero principalmente, por las relaciones de amistad y compañerismo que pude entablar en el día a día con gente simultáneamente tan distinta y tan similar a mí. 

Por ello, me permito apartarme por las ramas para darles las gracias a quienes hicieron esto posible… y a la vez imposible. No lo digo por alegar, son hechos. El único profesor que contrató Zoom Premium, fue el de educación física. Padres y madres, profesores (y profesoras no, porque no hay), auxiliares, personal del casino, administrativos y sacerdotes, muchas gracias. Aprovecho la instancia para pedirles perdón, porque nosotros tampoco quisimos quedarnos atrás, y como gran curso que somos, les hicimos su trabajo aún más difícil. Pero algo asimilamos nosotros de ustedes, y espero sinceramente que ustedes hayan aprendido algo de nuestra generación. 

Ahora bien –querido curso–, se nos acaba el colegio; no hay más horas de deporte ni de educación física. Pero la vida sigue, y si Dios quiere, esta no hace más que empezar. ¡Hagámosla nuestra! Nadie recordará a puros borregos egoístas con el mismo peinado, que se limitan a mandar audios “funables” y a hacer lo que hace el resto en ese momento. Mas sí los odiosos recordarán nuestras faltas. Evitemos caer en la copia y en los asados familiares durante las pruebas universitarias. Evitemos caer en las malas prácticas laborales, que no hacen más que mostrar nuestro desprecio a todos nuestros educadores y para colmo, públicamente. Señores, nos han dado la mejor educación que podríamos tener. Aprovechémosla, pongámosla al servicio del resto. Probemos formar hábitos y desarrollarlos con entusiasmo, porque realmente no tenemos argumentos para estar bajoneados. Probemos enfrentar cada problema como una oportunidad para crecer e influir en el resto para bien.

Sí, puede sonar idealista, pero les pido que comencemos sencillo. No hay por qué pegarse latigazos en la espalda. A lo largo de mi sucinta vida, he escuchado de las mañas más absurdas que se puedan imaginar, pero son siempre las legumbres quienes se llevan la peor fama, quizás porque siempre tocaban después de educación física. Quiero que la próxima vez que les toque un plato de lentejas, sonrían, las agradezcan y se las coman; aunque sea necesario taparlas en queso rallado. No lo hagan por puro masoquismo, encuentrenle un sentido útil y práctico. Es más, si encuentran una mejor receta, ¡propónganla! Quizás esto es un simple y burdo ejemplo, pero yo les aseguro que si aprendemos a tragarnos esos vicios –día tras día–, en el futuro seremos capaces de tragarnos discursos de quince horas sin perder la sonrisa. Porque eso es lo que nos falta estimados, eso es lo que nos falta… actitud y constancia.

¡Grande el IV°B! Muchas gracias.

Santiago Guridi

IV° "B"

Generación 2021