Felicitaciones a los nuevos egresados

Discurso de graduación de Cristóbal Huidobro del IV°"C" 2021

12 de Noviembre de 2021

Estimado director don Santiago Baraona, estimado Consejo de Dirección, estimados profesores, auxiliares y administrativos, queridas familias, compañeros y muy queridos amigos: 

Cita:

Resulta paradójico que hemos pasado todos estos días pensando en graduarnos y seguramente los días y años que vendrán sentiremos nostalgia por nuestro colegio. 

Me cuesta trabajo creer que nunca más volveremos a cruzar las puertas azules de nuestras ex salas de clases, esas salas, ya no contarán con nuestra presencia nunca más, pero no me cuesta creer que esos días, en esos bancos y en esas sillas, quedarán para siempre grabados en nuestros recuerdos, los mejores recuerdos de estos 12 años de TABANCURA. 

Años alegres en donde las risas y el buen humor nunca faltaron sobre todo cuando se trataba de dar vuelta la página a los momentos más difíciles de la infancia y la siempre compleja adolescencia. No es que no nos tomáramos las cosas en serio, pero con la sencilla fórmula de saber reírnos de nosotros mismos, de nuestros errores y defectos, aprendimos que lo óptimo es enemigo de lo bueno, que de la vida aprendemos con caídas y por Dios que siendo jóvenes los porrazos vienen uno al lado del otro, entender esta condición de aprendizaje y enmienda permanente nos ayudó a crecer, a ver que el lado positivo de la vida nace en las pequeñas adversidades del día a día, la prueba que no resultó a pesar del estudio, el partido que se perdió por goleada, la maqueta que se rompió a último minuto o el electivo del que fuimos rechazados. Este estilo de vida, en apariencia ligero, nos sirvió mucho al ser el Tabancura un colegio de hombres, en donde la competencia, el éxito, el roce, los sobrenombres o la falta de talento deportivo pueden volver la convivencia en algo duro y poco feliz, pero no fue lo que vivimos en el IVC, por el contrario, en nuestro curso sabemos que las cosas no salen siempre como uno quiere, que cuando el paseo de curso termina en la cancha de rugby, la falta de glamour construye la mejor anécdota, que en lo sencillo de una familia recibiéndote con los brazos abiertos como los Valdés Zegers, los Ruiz Tagle o en su mítico campo los Ariztía Correa, todo puede ir bien, porque nos basta el grupo, el curso, la risa y el buen humor. Más que las notas nos ha marcado la responsabilidad del trabajo, más que el marcador, recordaremos la liga. A pesar de la creciente tensión en el juego todo solía terminar en bromas y risas, parece poco, pero me siento orgulloso de tener un curso, que en tiempos de twiteros y periodistas ácidos, con los que más de alguna vez intentamos e intenté intercambiar ideas, tiempos de exaltados dirigentes políticos y estudiantiles, lo nuestro era trabajar, compartir, conocer, crecer, incluso debatir o cuestionar, pero con la sonrisa y el buen tono al alcance de la mano.

Año 2019. Norte de Chile, paisajes extraordinarios, los gaisers, la costa, maravilloso desierto, pero no puedo olvidar que en el tiempo muerto del bus, entre comillas menos atractivo, encontramos la mejor oportunidad para reír y conocernos, que en el poco grato vértigo o puna de don Fredy, había un mensaje de llevar la vida con optimismo y una sonrisa a pesar del mal rato. Que detrás de la difícil y épica espera en la posta de María Helena, había un mensaje de don Mario Ulloa de infinita paciencia. Momentos menos glamorosos, pero donde quedará el mejor recuerdo del viaje de estudios. En la vida queridos compañeros más importante, más valioso, que una foto perfecta para el Instagram en el Valle de la Luna, es conocer y vivir junto a personas que valen la pena, algo que en el Tabancura, partiendo por sus profesores como don Fredy o don Mario, pudimos comprobar, comprobar que antes que gimnasios o calefacción central, la vida se construye con personas: profesores, alumnos, papás, auxiliares.

Es cierto que no podemos mostrarnos indiferentes frente a lo que está sucediendo hoy en nuestro país: El cuarto retiro, la nueva constitución, la maratón del diputado Naranjo, la despenalización del aborto, las elecciones presidenciales o la COP26, pero en esta oportunidad quisiera apuntar a cuestiones menos polémicas o televisadas. Cosas del día a día, el trabajo del día a día, mi relación con Dios del día a día, la solidaridad en la sala de clases, el servicio en la casa, la amistad de un día miércoles, las gracias al recibir la bandeja de comida en manos de Andrés un día jueves. Por qué: sencillo, simple, porque el mundo de hoy no quiere lo sencillo lo simple, lo diario, que suele ser lo que por constante nos marca profundamente, y no es que yo no caiga en la tentación, pero mucho like, mucho tic toc, mucho Marcianeke, mucho corte de pelo, mucho iphone, mucho panorama sofisticado y que pasó con el sencillo llamado por teléfono para felicitar por un cumpleaños o preguntar por un enfermo, qué pasó con la pichanga de 20 por lado con polar para marcar los arcos… no digo que volvamos al campo o a los 40, pero no perdamos el valor de las cosas simples, sencillas… sí, nosotros que nacimos la mayoría con muchas comodidades y ventajas, bueno sobre todo nosotros que podemos asistir en paz a una clase, que contamos con papás que nos acompañen el día de hoy, que podemos mirar los árboles y la cordillera, no tenemos justificación para querer una vida solo de Instagram, de apariencias, exitista, narcisista, de conflicto o de quejas…tenemos que vivir y ser agradecidos, sencillamente muy agradecidos.

Qué manera de tener sentido, de hacernos mucho sentido el enseñar como se enseña en el Tabancura y no estoy pensando en la mejor cátedra de maestros como don Germán o don Roberto, estoy pensando en primer lugar en:  dé las gracias, pida permiso, diga por favor, recoja el papel, escuche primero, atrévase a preguntar, de pie para saludar …Y esto que va de la mano de un director que no aparece solo en las ceremonias solemnes sino que te saluda cada día en la puerta y por tu nombre. Que va de la mano de Don Ricardo Labarca, Don Cristián Olivos, Don Mario, Don Freddy, Don José Luis Toro, Don Andrés, y Don Jorge Pardo, en cada una de sus correcciones o tutorías sobre cosas sencillas, pero importantes, en cada llamando al silencio, a rezar un ave maría antes de empezar el día, pidiendo que nos respetáramos, que confiáramos, que habláramos con nuestro papá o mamá sobre nuestras tristezas o alegrías. Este trato, estas relaciones, esta comunicación, esta educación en las cosas sencillas, por Dios que hace falta y que debemos atesorarla.  

Y como no hay nada más sencillo que agradecer, continúo y avanzo en este discurso  por ese camino. Me gustaría dar un enorme agradecimiento a la selección de rugby, a la cual con mucho orgullo y menos talento, puedo decir que pertenecí. Selección que nunca le cerró las puertas a nadie y que a punta de pasión y perseverancia hoy tiene a dos seleccionados nacionales, Matías y Santiago.

A los profesores y al consejo de dirección, que forman un equipo de trabajo tremendo, muchas gracias. Son un lujo y dudo que otros colegios puedan tener tantos profesionales con tal calidad humana, para ellos en pocas palabras, en simple, la educación y la formación no terminaba en la sala de clases…en el último tiempo de cuarentena, pudimos verlos siempre muy pendientes y preocupados por ayudarnos en todo lo que necesitáramos, respondiendo mails a veces a altas horas de la noche, y realizando muchas actividades para asegurar que en realidad aprendiéramos, realmente fueron y son un ejemplo de servicio y trabajo bien hecho.

Agradecer también a todos los auxiliares y administrativos, que siempre estuvieron con nosotros para lo que necesitáramos. Los auxiliares ídolos… acaso hay algo que ellos no hayan podido hacer? Si se podía imaginar, era posible para ellos, desde sacar una pelota del techo, hacer una capilla, un escenario, hasta acompañarnos un domingo a las 8 de la noche en el Estadio Nacional. Muchas gracias de verdad.

Me gustaría agradecer a las Mamás encargadas Ale Ibañez y Berni Aldunate. Siendo un colegio de hombres, sin las mamás, la estadía en el colegio podría haber sido mucho más brutal y salvaje. Gracias a las mamás que se preocuparon de que siempre hubiera algo distinto a una bolsa de papas fritas, que se reconociera a los profesores con algún detalle con cariño. Agradecer también, por ser las únicas con la paciencia de organizar una fiesta de graduación para los IV medios.

La buena educación parte por casa, y aunque parezca un poco injusto con los demás, déjenme hacer algo que seguramente todos hoy quieren hacer: agradecer a mi papá y a mi mamá, a quienes debo mis valores, de quienes aprendí el bueno trato, por supuesto el humor, la paciencia, porque me han aguantado, me han aguantado mucho: se me quedó el cartón piedra, no hablo cuando estoy cansado, llenaba la casa de amigos, una que otra comunicación poco feliz…etc. Pero sobre todo, mil gracias papá y mamá por siempre estar ahí, cerca, disponibles, dándolo todo, fuera de las redes, para formarme “bueno y feliz”.

Para finalizar, me gustaría destacar que somos una especie de última generación tradicional del colegio, con las letras A B y C y con esos últimos pabellones sencillos que hoy conocemos a nuestras espaldas. Durante estos 50 años del Tabancura, hay muchas cosas o infraestructura que va cambiando, pero espero que la historia de los próximos 50 años, aunque se escriba dentro de nuevos y más sólidos edificios, no pierda la sencillez de un espíritu que nace con ladrillos princesa, con educación física a -2 grados, con bandeja de almuerzo menú único y donde siempre lo más valioso simplemente ha sido Dios y las personas.

 

Muchas gracias. 

Cristóbal Huidobro

IV°C

Generación 2021