Aquí sus bitácoras de viaje

Reportaje familiar: Testimonios de la Peregrinación a Tierra Santa

16 de Octubre de 2017

Quienes han viajado a Tierra Santa peregrinando es común que manifiesten que es un viaje muy especial, que deja una huella profunda. Para muchos es un antes y un después. Hasta lo reconocía un amigo agnóstico, que hace algún tiempo fue quizá en plan turismo, y no pudo evitar reconocer: “allá algo hay”.

En el colegio nos planteamos: si ir con un grupo de peregrinos “marca”, ¿cómo será hacerlo como familia? Y por aquí el proyecto fue tomando cuerpo hasta que en marzo de este año lo ofrecimos a las familias, para ser realizado en las vacaciones de septiembre. Se inscribieron cinco, quienes iban acompañadas por nuestro capellán, el padre Jorge Herrera y por el director del colegio. En total 29 personas. El tamaño del grupo resultó muy oportuno para fomentar la amistad y la cercanía entre los asistentes, adultos, jóvenes y niños; y para que el viaje resultara lo suficientemente ágil y no tuviera las esperas propias de grupos más numerosos.

Ofrecemos un pequeño resumen de este viaje a la Tierra de Jesús, a través del testimonio de las familias “peregrinas”, que esperamos repetir el año 2018. Aquí lo que escribieron.

Mar de Galilea (familia Abbot Cerda)

Este grupo familiar estaba integrado por Cristián y Paula y tres de sus cinco hijos: Agustín, Josefina y Adelita.

Agustín comenta sobre la visita al Mar de Galilea o Lago de Tiberíades o de Genesaret, que fue nuestra primera parada luego de instalarnos en el alojamiento de Nazaret: “Fue impresionante estar en el bote, en el mismo mar de Galilea, sobre el cual siempre leemos en los evangelios, y pensar que Jesús estuvo ahí ...  Lo que me llamó la atención en este lugar, es que a diferencia de otros lugares santos, está exactamente igual que en los tiempos de Jesús. También fue una experiencia única poder visitar los lugares donde Jesús compartió con sus Discípulos, y por último, para cerrar nuestra estadía en el mar de Galilea, terminamos con una gran misa con vista al mar, donde en lo más profundo, personalmente reviví el momento en el que el Señor pisó esas tierras y me sentí parte de Él”.

Josefina agrega: “Fue emocionante estar en el bote, en la mitad del mar, pensando que, en ese mismo mar, Jesús, hace más 2000 años, caminó, o que a las orillas de éste, ocurrió la multiplicación de los panes. Fue todavía mejor, poder mojarse los pies en el mismo mar de Galilea. También fue interesante, visitar los lugares exactos en que ocurrieron algunos acontecimientos importantes, como el primado de Pedro o el Monte de las Bienaventuranzas. Por último, me encantó la misa con vista al mar, además, pensar que en esos momentos estábamos a metros de la casa de san Pedro era lo que lo hacía más impresionante. Ahora que hemos terminado la peregrinación y podemos mirar atrás, éste es uno de los lugares que más se valoran, ya que no ha sido intervenido por el hombre al ser imposible la construcción de basílicas y catedrales sobre éste”.

El testimonio lo cierra Adelita: “Yo me imaginaba a Jesús caminando sobre el agua y también lo de la tempestad calmada, que ese mar tan tranquilo, tuvo grandes olas, Jesús se despertó, le habló al agua y se calmó . También la pesca milagrosa, como aparecieron tantos peces ... Además, pensar, que en el agua que metimos nuestros pies, Jesús también mojó los suyos… Me encantó especialmente porque es el único lugar que no ha cambiado desde el tiempo de Jesús”.

Nazaret y Monte Tabor (familia Vita Bloomfield)

Jorge (papá), María Paz (mamá), Ignacio, Rosario y Pacita nos dejan sus impresiones de estos dos lugares.

Nazaret es una ciudad tranquila, donde pudimos iniciar nuestra peregrinación con especial recogimiento, visitando el lugar de la Anunciación del Arcangel Gabriel a la Virgen María, la casa de José y la fuente donde María iba a sacar agua. Nos atrajo especialmente la sobrecogedora inscripción  grabada en el altar de la Anunciación: "Verbum caro hic factum est", aquí el Verbo se hizo carne, recordándonos que ahí mismo empezó nuestra Redención, gracias a la generosidad y entrega de María.

Las paredes de la Basílica de la Anunciación están decoradas por distintas imágenes de la Virgen que han sido donadas por las naciones católicas de todo el mundo; con gran alegría pudimos ver la Virgen del Carmen donada por el Ejército de Chile. 

Nuestro alojamiento en el Convento de las Hermanas de Nazaret fue algo muy especial para todos nosotros, ya que estaba ubicado a pocos pasos de la Basílica de la Anunciación y además nos tenía reservada una de las experiencias más especiales del viaje. Gracias a la generosidad de las monjas del convento pudimos visitar, bajo el mismo lugar donde estábamos durmiendo, extraordinarias excavaciones que contenían una tumba de la época de Jesús donde "quizás", como nos repetía la monjita, fue enterrado San José. 

Desde Nazaret visitamos el Monte Tabor, donde se cree que ocurrió la Transfiguración del Señor. El lugar es muy apacible y nos generó una sensación de bienestar similar a la que debe haber sentido San Pedro cuando quiso construir tres tiendas para quedarse ahí junto a Jesús, Moisés y Elías.

Río Jordán, Jericó y Mar Muerto (familia Larrain Tartari)

Carla Tartari y sus hijos Jaime, Cristóbal y Catalina se sumaron a la peregrinación. Jaime papá se quedó cuidando a los hermanos más chicos. Aquí lo que escribió Jaime hijo sobre esta parte de la peregrinación.

Jericó era una ciudad con muy altas temperaturas y de muy buenas carreteras. Tenía muchos lugares secos y estaba con muchos lugares naturales. Nosotros comenzamos viendo el río Jordán, que fue el lugar más caluroso que visitamos. Cuando bajamos del bus, la diferencia fue muchísima, ya que fue un cambio brusco de temperatura. Primero hicimos la renovación de las promesas del Bautismo y leímos este evangelio: Entonces llego Jesús desde Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedirlo diciendo:” yo necesito ser bautizado por ti, y ¿tu vienes a mí?” Jesús le respondió: Deja hacer ahora; porque conviene que cumplamos toda justicia”. Entonces le dejo hacer. Bautizado Jesús, salió del agua y, en esto, se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venia sobre El; y una voz del cielo decía: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”. Luego, cuando nos fuimos a bañar, estaba muy sucio, por lo que no nos bañamos.

Después nos dirigimos a Jericó, y la primera parada fue en el Sicómoro, el mismo tipo de árbol al que se subió Zaqueo –que era bajo- para ver a Jesús. 

Seguimos luego al Monte de las Tentaciones que tenía muchas ruinas. Estaba un monasterio ruso y otro griego ortodoxo, ubicado a una gran altura. Nosotros nos sacamos una foto en una ruina que tenía un precipicio, por lo que había que tener cuidado.

El cuarto lugar que visitamos fueron las ruinas de Jericó, que se podía ver parte de la ciudad y que tenían construcciones y una bajada que solo se podía mirar. También tenía la fuente de Eliseo, que era el único lugar por donde Jericó tomaba agua, proveniente de las ruinas.


Lo que vino después fue el Mar Muerto. El Mar Muerto tenía lugares que se habían evaporado y hoy alcanza a casi un 30% de concentración de sal. Al llegar allí, nos recomendaron ponernos barro para que no nos perjudicara la sal. Generalmente, a lo más, se bañaba 20 o 30 minutos. Cuando nos bañamos, sí podíamos nadar y flotar de espaldas, pero no nos podíamos hundir, no porque se prohibía, si no porque no se lograba. Si es que entraba agua a los ojos, la mayor recomendación era no cerrarlos, o también se podían mojar.

Al finalizar, fuimos a andar en camello. Para subirse se tenían que tirar al piso porque eran muy altos, y una vez que se subía se levantaban. La diferencia era que eran muy altos, por lo que cuando se miraba era distinto. Se subían dos personas que eran llevadas por un camino. Todos lo hicieron. Y eso es todo.

Belén y Campo de los Pastores (Familia Cortés Prado)

Sergio Cortés, Carolina Prado y sus hijos Sergio, M. Elisa, María de la Luz y el más chico del grupo, Cristóbal (kinder del Tabancura) nos relatan el paso por Belén.

El lugar de la natividad quedó para siempre señalado y claro por las personas que vivían en Belén, por lo que no hay duda de que fue en ese lugar donde nació Jesús. En el año 339 Constantino manda a construir una basílica sobre la gruta. De esa primera iglesia casi no queda nada ya que sufrió ataques y saqueos posteriormente. En un hoyo en el suelo pudimos ver parte del suelo de mosaicos original que aún se conserva. La que hoy nosotros podemos visitar la construyó el emperador Justiniano. Esta iglesia sobrevivió a todas las guerras y ataques a través de los siglos. Es considerada la iglesia más antigua de Tierra Santa. Incluso se dice que los persas que asolaron la región destruyendo iglesias y todo lo que había, al entrar y ver una imagen de los reyes magos vestidos como ellos, decidieron no tocar la basílica dejándola intacta.

La puerta para entrar, es muy baja y angosta. Por supuesto que no era así al principio, se fue tapiando para defenderla de que entraran a atacarla. Pero hoy es necesario que todos nos agachemos para pasar y sólo se puede pasar de a uno. Es raro ver una iglesia tan grande e imponente con esa entrada, pero también se interpreta como que frente a la grandeza de Jesús hecho hombre todos nos debemos inclinar y hacernos niños y que ese encuentro es uno a uno, cada alma con Jesús de forma personal. 

En esta basílica conviven los católicos, ortodoxos griegos, armenios y sirios. 

Primero fuimos a una misa en una capillita en el lado católico: ¡fue muy lindo y conmovedor pensar que estábamos en el lugar donde Jesús nació! Desde el lado católico solo pudimos ver la gruta a través de un hoyo en una puerta que solo se abre una vez al día en una procesión que hacen los franciscanos que son los guardianes de ese templo, tal como en toda Tierra Santa.

Para bajar a la gruta que se encuentra en el lado ortodoxo, hay que bajar una escala y se ve toda la piedra negra por el uso de las velas en todas las peregrinaciones a través de los siglos. El lugar donde nació Jesús está indicado con una estrella de plata y tiene escrito “Hic de Virgine Maria Iesus Christus natus est.” Al lado hay un hueco en la roca donde la Virgen envolvió a Jesús en pañales y al frente una gruta dedicadada a los Reyes Magos con una imagen de ellos. Todo eso es en un espacio muy pequeño y uno puede quedarse un rato corto porque mucha gente quiere entrar. Produce un impacto estar en el lugar donde nació Jesús y ver lo chiquito, incómodo y pobre que es. Además que uno siempre imaginó algo más cálido, pero todo ¡es de roca!

A pesar de siempre haberlo escuchado y tener claro que Dios vino al mundo en la pobreza más tremenda, sin un lugar donde nacer, el verlo concretamente impacta y nos vuelve a recordar de manera muy clara que su amor por nosotros es infinito.

Tuvimos la suerte de que, como andábamos con Don Jorge, a las 12 nos dejaron unirnos a la procesión de alabanza de los franciscanos. Todo parte en la nave central de lado católico donde nos dieron una vela a cada uno y empiezan unos rezos y cantos en latín para cruzar al otro lado y bajar sólo nosotros a la gruta para poder continuar participando como pudimos con el rezo del Padrenuestro, Ave María y Gloria que agradecimos mucho saberlo en ¡latín!. También cantamos el Regina Coeli. Fue muy emocionante, todos muy recogidos y pudimos hacer un ratito de oración en la gruta misma. Era todo muy sencillo, pero muy muy solemne, tal como debe haber sido el nacimiento de Jesús. Finalmente salimos por la puerta por la que habíamos mirado por el hoyito con tanta ilusión más temprano.

Ese día en el almuerzo, los niños de todas las edades se vistieron con ropas típicas de la zona y bailaron música árabe, fue gran espectáculo y un momento de mucha alegría. Después nos fuimos muy cerquita como a unas laderas de unas lomas donde está el santuario “Gloria in excelsis Deo” que conmemora el anuncio de los ángeles a los pastores. Este sitio no es tan exacto como el anterior, pero estuvimos en una gruta donde se cree que fue el anuncio. Don Jorge nos leyó la lectura, fue muy lindo recibir este mensaje dos mil años después y darse cuenta de lo actual que todavía puede ser para cada uno de nosotros: “No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor”. El anuncio nos invita a no tener miedo y a vivir la alegría de estar cerca de Dios. Ahí cantamos villancicos, nos acercamos a darle un beso a los pies del niño Jesús que había ahí.
En el camino al lugar de la visitación, al igual que todos los días, rezamos el rosario en el bus todos juntos.

Jerusalem (familia Ríos García)

Este era el grupo familiar más numeroso, compuesto por los papás Sebastián y Juanita; cuatro de sus hijos: Santiago (ex alumno y gran colaborador en diversas actividades del colegio), Pedro, Teresita y Josefina; y también el sobrino-primo Rafael Amunátegui. Este es su testimonio:

Apenas cruzamos el túnel de las afueras de la ciudad de Jerusalén, todos los peregrinos del bus empezamos a cantar "que alegría cuando me dijeron vamos a la Casa del Señor, ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén…" y apareció ante nosotros la ciudad Santa de Jerusalén.

Temprano, el día siguiente, fuimos al Pater Noster lugar en que Jesús enseñó a los apóstoles la oración del Padre Nuestro. Cantamos todos juntos la oración en latín y meditamos con el evangelio que recuerda ese momento. En las paredes se ve el Padre Nuestro en más de 170 lenguas.

Dominus Flevit

La arquitectura de la capilla en forma de lágrima nos impresionó mucho porque desde ese lugar tuvimos exactamente la misma vista de la ciudad que tuvo Jesús cuando lloró por Jerusalén porque no creyeron en Él. Detrás del altar un ventanal y una cruz de fierro permiten tener la vista de la ciudad.

Basilica de la Agonía y huerto de Getsemaní

Todos tuvimos la oportunidad de rezar durante mucho rato en la Basílica, exactamente sobre la roca donde rezó también Jesús. Sin apuro, en silencio y mucho recogimiento recordamos esos momentos de agonía y sufrimiento de Jesús por cada uno de nosotros.

Muy cerca están los olivos milenarios del Huerto de Getsemaní, ahí pudimos leer y meditar el evangelio que nos cuenta el sufrimiento y la soledad que sintió Jesús en esos momentos en que ya estaba muy próximo a su muerte.

En el mismo lugar no deja de impresionarnos un poco más abajo el valle de Josafat lugar que las Escrituras dicen que será el Juicio Final. Al frente vimos la explanada del Templo de Jerusalén.
Un poco más abajo nos sacamos una buena foto todo el grupo. A nuestra espalda se pueden ver los campanarios, cúpulas y la explanada del antiguo templo, una vista increíble de la ciudad.

Casa-Palacio de Caifás, Jesús preso el jueves Santo

Meditar el evangelio varios metros bajo tierra en el calabozo donde estuvo Jesús preso el jueves Santo nos conmovió mucho a todos. Una noche larga, de soledad y sufrimiento que nos hizo reflexionar sobre el inmenso amor de Jesús por cada uno de nosotros. "Había dibujos en la pared y estaba la silueta de una persona en una de ellas" (Josefina, 9 años)

Vía Crucis

Con especial recogimiento, rezando El Rosario y meditando cada una de las 14 estaciones pudimos recorrer en Jerusalén las calles de la Vía Dolorosa que recorrió el Señor cargando la cruz.
Calvario y Santo Sepulcro

Finalmente llegamos a la parte culmine de nuestra peregrinación; la Basílica del Santo Sepulcro que estaba llena de gente a todas horas. Constantemente se escuchaban ceremonias y procesiones con cantos y ritos litúrgicos griego ortodoxo, armenio y católico.

Después de una larga espera en una fila interminable pudimos llegar hasta el lugar donde murió Jesús en la cruz, en el monte Calvario. Se puede tocar la roca donde estuvo clavada la cruz. "Pasé mi medalla por ahí" (Josefina).

Las largas filas de peregrinos hicieron difícil estar mucho rato, pero como el alojamiento estaba muy cerca pudimos volver varias veces al lugar a rezar. "Fuimos como cinco veces" (Josefina)
Para rezar frente al Santo Sepulcro la espera fue más larga aún (algunos hasta 3 horas), pero sin ninguna duda vale la pena. Emociona e impresiona la antecámara y el mismo lugar donde pusieron el cuerpo de Jesús después de su muerte y sobretodo donde resucitó.

El domingo 24 de septiembre y ya finalizando este inolvidable viaje, tuvimos la misa en la capilla donde fue la flagelación de Jesús.

En la Misa, que fue muy alegre, con muchos cantos, sentimos mucha pena porque estando ahí es fácil imaginarse y recordar por todos los sufrimientos y humillaciones que tuvo que pasar Jesús para salvarnos, pero también una alegría grande de tener la oportunidad única de venir a Tierra Santa, un lugar que sin ninguna duda nos impresionó mucho, donde cada uno de nosotros se encontró con Jesús, pudimos conocerlo más y sobretodo quererlo mucho más.

Nos volvemos a Santiago muy felices, llenos de buenos propósitos para ser cada día mejores personas, hombres y mujeres que quieren llegar al cielo, ser Santos de verdad. No podemos de dejar de agradecer muy especialmente a don Santiago Baraona, nuestro querido director, el gestor de este precioso viaje y al padre Jorge Herrera que nos ayudó con sus profundas meditaciones, contestando siempre nuestras interminables preguntas sobre Jesús, a rezar, y a querer más a nuestro Señor.

Muchas gracias por convidarnos y acompañarnos en este inolvidable viaje a Tierra Santa.