Editorial de su puño y letra

Reflexión del profesor Waldemar Vildoso: "Mi corazón en 50 años"

15 de Junio de 2020

El año 1970, cuando el colegio nacía, yo cumplía 15 años en mi ciudad natal de la eterna primavera, Arica. Ya en Santiago, 15 años después, daba mis primeros pasos como profesor del Colegio Tabancura.

Para inspirarme -¡tengo tanto que contar!- me subiré al primer barco de nuestra insignia y comenzaré a navegar… Ya son 35 años de navegación, un viaje maravilloso de crecimiento permanente, en lo profesional, afectivo, social y espiritual.

Porque nuestro TABANCURA no solo forma a cada niño, a cada adolescente, a cada familia, sino también a cada educador.

Los primeros recuerdos de este viaje me llevan a un colegio muy distinto que no tenía la infraestructura de hoy, las salas eran de madera, estaban al costado del río y recuerdo que muchas veces cruzábamos el río, para subir el cerro… Muchos de ustedes se preguntarán… ¿No hacían clases?

¡Sí, señores! Eran las actividades que se realizaban durante la semana del colegio. Y siempre esta semana se ha caracterizado por el entusiasmo, creatividad y participación de todos. 

"Nunca pensé que iba a ver a mis alumnos frente a un computador, escuchando mi clase, ni menos que ellos estando en primero básico me iban a dar instrucciones para mejorar el audio del Zoom"

Si de clases se trata, llega a mi mente una cancha de tierra, con desniveles, más una manguera larga. Los alumnos modelaban los accidentes geográficos construyendo con barro la Cordillera de los Andes, la Cordillera de la Costa, ríos, lagos, archipiélagos, etc. Nuestros estudiantes nunca más olvidaron esta experiencia. Terminada la jornada escolar los niños se iban embarrados de pie a cabeza… pero felices. Paralelo a esto se realizaban clases tradicionales con bancos en hileras, pizarrón negro y tiza.  Había mucha disciplina. El primer ciclo se lucía con overoles beige, el segundo ciclo lo hacía con cotona y el tercer ciclo con una impecable camisa blanca, corbata y chaqueta, muy orgullosos de ser tabancureños.    

Avanzando con la navegación…. la construcción del colegio fue tomando presencia y, por supuesto, aprovechamos esta instancia para nuestras clases. Atentos mirábamos con los alumnos, los movimientos de las grúas, las excavadoras y las betoneras.

El Tabancura comenzaba a crecer de dos cursos por nivel a tres cursos. La casa blanca, hasta hoy impecable e imponente, continúa intacta. Este edificio ha cumplido diferentes funciones: salas… laboratorios… comedor para profesores… sala de música… oratorio y oficinas de dirección.

Con el correr de los años nuestro colegio ha puesto todo su empeño en actualizar sus “líneas metodológicas“. Destaco que fue uno de los primeros colegios que abrió sus puertas a los desafíos de la integración. Agradezco la oportunidad de haber trabajado con niños con características diferentes como sordera, autismo y Síndrome de Down. Experiencia que me permitió valorar a todos mis alumnos en su diversidad.

"Ya son 35 años de navegación, un viaje maravilloso de crecimiento permanente, en lo profesional, afectivo, social y espiritual. Porque nuestro TABANCURA no solo forma a cada niño, a cada adolescente, a cada familia, sino también a cada educador"

Más allá de las fronteras del Tabancura, nos abrimos en el plano social, visitando y compartiendo una jornada de trabajo y actividades lúdicas en jardines infantiles. Con los alumnos de ciclos superiores experimentamos juntos las visitas a hogares de ancianos, formación de catequesis, trabajos de verano, trabajos de invierno, entre muchas otras.

 Una actividad importante como colegio fue ofrecer a la comunidad una educación vespertina para muchos trabajadores del sector. Las clases comenzaban a las 18:00 horas y terminaban a las 21:45 horas. Varios profesores del colegio nos quedábamos hasta esas horas para seguir transmitiendo la formación académica y valórica del colegio.  Los alumnos del vespertino usaban todas las dependencias: biblioteca, sala de computación, laboratorios. Pero lo más importante era la educación en la fe, la que todos los años se veía coronada con bautizos, primeras comuniones, confirmaciones y unos cuantos matrimonios. Este Colegio Tabancura Vespertino fue dirigido por un gran educador, don Ulpiano Baranda, de quién aprendí mucho y siempre agradeceré su formación. 

Con la llegada del 2020, se iniciaría una gran celebración en nuestro colegio, pero los 50 años comenzamos a vivirlo en cuarentena. Para mí ha sido toda una revelación educacional porque hacer clases online lo veía muy lejano. La tecnología la he ido incorporando poco a poco. Piensen ustedes que mi tesis de título fue escrita en una máquina de escribir, de esas que hoy están en un museo…

Está claro que uno tiene que ir adaptándose a lo que la modernidad nos ofrece. Nunca pensé que iba a ver a mis alumnos frente a un computador, escuchando mi clase, ni menos que ellos estando en primero básico me iban a dar instrucciones para mejorar el audio del Zoom. Pero, de todos modos, extraño el vínculo afectivo que se establece entre profesor alumno en la sala de clase.

"Es emocionante pensar que le enseñé a leer al papá y ahora le enseñaré a su hijo"

Esta experiencia la valoro mucho y agradezco a mis compañeros de ciclo, quienes con mucha paciencia me explican una y otra vez los detalles que permiten vencer los obstáculos de la tecnología.  Pero también ha sido un tiempo de crecimiento personal el enfrentar este tipo de educación a distancia.

En estos últimos años no se imaginan la alegría que me causa ver a mis ex alumnos entrar a mi sala de clase de la mano de sus hijos. Es emocionante pensar que le enseñé a leer al papá y ahora le enseñaré a su hijo. Puedo reconocer que en ellos aún existe el vínculo afectivo que creamos en la sala de clase, quedando estampada en una fotografía de padre e hijo abrazando a su profesor, al mismo profesor.

Me bajo del barco con mucha gratitud… con el corazón cargado de lindas experiencias que marcan mi vida personal y profesional.

Deseo que el colegio siga cumpliendo muchos años más, formando muchas generaciones, porque el Tabancura “Les ayuda a llegar a Puerto Seguro”. 

 

Escrito por: Profesor Waldemar Vildoso