Opinión del Director, Santiago Baraona

Editorial: "Después de las vacaciones"

24 de Julio de 2017

Después de las vacaciones solemos mirar las cosas con una perspectiva renovada. La distancia respecto a la vida cotidiana nos devuelve la objetividad; los problemas los situamos en su lugar preciso; y nos sentimos con fuerza para acometer los desafíos o para perseverar con nuevo entusiasmo en lo de siempre. Esto me parece que es muy palpable en el ambiente que se respira en un colegio los primeros días de clases. Es verdad que hay cierta desazón porque las vacaciones han terminado, pero en el fondo, aunque cueste reconocerlo, la mayoría de los alumnos y de los profesores está contenta de volver a clases. Es la grandeza que se esconde en lo aparentemente gris de la vida “normal”.

En las familias suele dominar también un tono optimista y esperanzado. Todos sin embargo sabemos –lo hemos experimentado- que lentamente vamos cayendo en la realidad. Lo nuevo empieza a ser lo de siempre y puede aparecer el tedio y el aburrimiento. El día a día va opacando el brillo inicial de los comienzos.

¿Cómo evitar que el tiempo consuma los momentos en que el optimismo y la esperanza brotan sin ningún esfuerzo? En los sistemas de regadío los flujos se regulan con embalses. En la educación de los hijos hay que proceder análogamente. El inicio del segundo semestre es bueno para detenerse y pensar: ¿qué metas concretas me puedo plantear con cada hijo? Tal vez antes haya que partir por casa y proponerse mejorar en un aspecto como papá o mamá: fortalecer en uno o muchos aspectos el matrimonio, dedicar más tiempo a la casa, consentir menos a los hijos, conocerlos mejor, confiar más en su libertad, etc. Tal vez lo más relevante sea revisar las expectativas que se tienen con cada uno de ellos.

Siempre se debe tener en cuenta que el objetivo de fondo es aprender a trabajar bien y a rendir cada uno de acuerdo a sus capacidades

Embalsar para un alumno significa hacer un balance de lo que fue el primer semestre. El primer día de vuelta a clases se entregan las notas. Pero lo académico es sólo un aspecto más de las formación que da el Tabancura. Sin duda importante, pero no el único. Siempre se debe tener en cuenta que el objetivo de fondo es aprender a trabajar bien y a rendir cada uno de acuerdo a sus capacidades. El examen de lo ocurrido entre marzo y julio debe abarcar también los otros sellos que intentamos inculcar en quienes se forman en el colegio: cuánto he crecido en espiritu de servicio y convivencia (¡tener ojos para los demás más que para las pantallas!); si me he esforzado por ser un cristiano que da la pelea por ser coherente; si he sido responsable en las actividades deportivas o artísticas en las que estoy comprometido.

La mayoría de los alumnos y de los profesores está contenta de volver a clases. Es la grandeza que se esconde en lo aparentemente gris de la vida “normal”.

“Tanto alcanzas cuanto esperas” escribió la mística castellana. La verdadera educación es una tarea para gente magnánima, que no se conforma con metas pequeñas. Y esto es válido para todos, papás, profesores y alumnos. Con realismo, comprensión, sentido común, buena formación en orientación familiar y exigencia, hay que ayudar a que cada alumno del Tabancura llegue a su punto más alto, en el plano espiritual, familiar, escolar, en las relaciones sociales, etc. E ir por delante, especialmente papás y profesores, dando ejemplo. Después de todo se educa principalmente con lo que se es más que con lo que se hace.