¡Esta fue la reflexión del profesor!

Editorial del profesor Aníbal Pizarro: "50 años de agradecimiento"

17 de Agosto de 2020

Cuando me pidieron escribir algunas reflexiones acerca de los 50 años de nuestro Colegio, pensé, ¿Qué ha sido lo más importante para mí en los 39 años de trabajo en el Tabancura? La primera idea que se me vino a la cabeza es lo que mejor refleja mi sentimiento respecto de todos estos años: la palabra agradecimiento.

Siempre nos repetía nuestro ex Director,  Diego Ibáñez, que “es de bien nacidos ser agradecido”; y para mí, estos 39 años aquí, en esta, nuestra casa, no son más que para agradecer a Dios por haberme dado esta tan grande oportunidad.

50 años para una institución como la nuestra es poco, pero también mucho, tomando como referencia una vida humana. Pero es más que suficiente tiempo como para poder hablar ya de un Colegio con verdadera tradición. Tradición humana, espiritual y académica.

Cómo no dar infinitas gracias a quienes, hace 50 años tuvieron la sabiduría, la valentía y el coraje de partir con un Colegio casi de cero, y más encima en una etapa de la historia de Chile muy compleja.  Pese a mi especialidad académica, no entraré en estos 50 años de devenir de nuestro Colegio porque es por muchos muy sabida y vivida. Pero no se puede olvidar a esas primeras familias cuya decisión y empeño, dieron luz a este proyecto, sostenidos casi únicamente por las oraciones de San Josemaría Escrivá, sin las cuales este proyecto nunca se hubiese realizado. Cómo no unirse de alma y corazón al agradecimiento a esas personas que crearon una institución tan importante para sus familias, para sus hijos y, por qué no, para nuestra Patria, la que se ha podido beneficiar por el importante aporte que han realizado (y realizan) hombres formados bajos este alero.  Con qué orgullo veo a muchos de ellos en altos cargos y los recuerdo con cariño, ya sea como simple profesor o como profesor jefe.

Ingresé a esta institución por allá por marzo de 1981 como profesor en 7° y 8°. Han sido ya 39 años de vida profesional ininterrumpidos, sirviendo en distintos cargos. Vaya mi agradecimiento para todas aquellas personas que confiaron en mi para poder desempeñarlos.  Comencé, como muchos de mis colegas, haciendo mis primeras clases en esta  profesión, la Pedagogía, con los titubeos propios de los novatos, los cuales fueron quedando atrás con la ayuda y el consejo generoso y paciente de profesores con mayor experiencia y, especialmente, con el apoyo de la Dirección, la que siempre me dio seguridad y me permitió ir corrigiendo mis carencias. Mucho debo a esa formación académica y humana que martes a martes se nos daba, la que enriquecía nuestro criterio pedagógico, con continuas charlas culturales y de formación humana y cristiana, o con charlas dadas por   importantes profesores de la categoría de un Leonardo Polo o de un Aquilino Polaino entre muchos otros.  

En mi calidad de profesor jefe o de Director de Estudio, pude aquilatar en todo su valor la calidad de las familias, las que hacen que nuestro trabajo fructifique en alumnos bien formados en sus hogares, familias que siempre nos apoyaron en nuestras decisiones y tareas, padres que vieron en los profesores sus más estrechos colaboradores en la formación de sus hijos.

Doy gracias a quienes conformaron en distintos momentos los cuerpos directivos, los que siempre estuvieron y están muy cerca de sus profesores, con sus ejemplos de trabajo bien hecho, con sus consejos y señalándonos los rumbos acordes al ideario fundacional.

Alumnos que nos respetan y valoran, a pesar de estar inmersos en una sociedad rota por la falta de autoridad, valores y principios sólidos, pero que han resistido gracias al amor de sus padres y a la formación que les da el Colegio, en un trabajo conjunto que nos enorgullece. Nuestros alumnos son la razón de ser y estar en el Colegio.  Siempre he sentido la cercanía de mis alumnos, incluso después de egresados del Colegio y con algunos de ellos aún cultivo una sincera y cálida amistad. Alumnos que nos ven como sus formadores y nos oyen y nos dejan entrar en su vida para que les ayudemos a sacar lo mejor de ellos mismos según el espíritu cristiano que inspira nuestro ideario educativo. Y ya, como ex – alumnos, cómo nos agradecen por todo lo que les dimos. Cuántas entrevistas he tenido con ellos, ahora como orgullosos papás que confían en el profe que los ayudó en su educación y que piden que hagamos y les exijamos lo mismo a sus hijos, los cuales conforman gran parte de los cursos. Algo hemos hecho bien en estos años que nos ha dado este resultado.

En fin, son tantas razones por las que debo agradecer estos 39 años. Tantos recuerdos de profesores que ya nos dejaron, de tantas anécdotas vividas.

Pero no debemos olvidar que el Colegio Tabancura fue fundado para durar y cumplir muchos cincuentenarios más. Otros lo celebrarán, y si se sigue siendo fiel al ideario fundacional, al ideario cristiano, al servicio del Bien Común, se hará siempre en un ambiente de austeridad y de sencillez, en donde el bien queda en el fuero interno de los que lo hacen, en donde no se busca el aplauso ni el reconocimiento del mundo, sino sólo servir a Dios mediante el trabajo bien hecho. Un Colegio fundado en el respeto y confianza mutua de padres y profesores, no mediado por estadísticas, ni fríos números, sino en el trato exigente a nuestros alumnos, para así extraer lo mejor de cada uno, que es la mejor manera de demostrar el cariño al alumno y a nuestra profesión.

De todo esto soy un agradecido de Dios y de quienes me trajeron al Colegio en 1981.

 

Feliz 50 años Querido Tabancura.