Opinión del Director, Santiago Baraona

Editorial de bienvenida: "Mirar rostros"

05 de Marzo de 2018

Hay momentos en los que un colegio parece una rueda de movimiento perpetuo. Para un ojo poco atento, todo es cíclico, se repiten los procesos, las clases son parecidas, los mensajes que envía el Director al principio de año suelen volver sobre ideas más o menos obvias, pero a la vez necesarias e importantes: que el año que comienza sea mejor que el anterior, que cada uno ponga lo mejor de sí para crecer en lo académico y formativo, que estamos muy contentos de iniciar un nuevo año escolar, etc.

Como toda actividad humana, un colegio es una mezcla de hacer siempre lo mismo -la permanencia- y de cambio. El equilibrio entre permanencia y cambio produce lo que llamamos ritmo (cf. C.S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino). El ritmo de un colegio es muy peculiar: si bien año tras año cambian proporcionalmente pocas personas, cada alumno es casi un cambio permanente. Y eso lo hace un lugar apasionante y por qué no decirlo, a ratos vertiginoso.

El inicio de 2018 es, sin embargo, especial. Tras la venida del Papa Francisco no podemos conformarnos con hacer siempre lo mismo, “pero un poco mejor”. La visita de un Papa a Chile (dos veces en toda nuestra historia) es un gran momento para hacer un parón y pensar: “¿Qué nos deja su visita?”. Doy por descontado que cada uno puede (y quizá debe) planteársela y responderla personalmente. Pero en lo institucional, como Colegio Tabancura: ¿Qué nos deja?

"Si nos esforzamos en detenernos en los demás, rápido llegaremos a la conclusión de que mirar hacia afuera es la única manera de mirar más profundamente dentro"

Es sin duda una pregunta abierta y la respuesta se puede contestar desde el prisma personal de cada uno. Hay muchas respuestas. Sin embargo, para nuestro colegio considero que nos vendría muy bien profundizar en lo que fue quizá un eje de todos sus mensajes, pero explícito en la homilía del Parque O´Higgins: “¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra.”. Son palabras que a todos, pienso, nos vienen como anillo al dedo. Dan luces para orientar nuestros esfuerzos por mejorar la convivencia familiar y escolar, y desde esta base firme, contribuir a generar ambientes de paz en nuestro querido Chile (¡qué bueno fue que nos recordaran en Maipú, que el amor a la Patria es camino del amor a Dios!).

"El ritmo de un colegio es muy peculiar: si bien año tras año cambian proporcionalmente pocas personas, cada alumno es casi un cambio permanente. Y eso lo hace un lugar apasionante y por qué no decirlo, a ratos vertiginoso"

En este 2018, un gran desafío para todos los tabancureños -papás, profesores, administrativos, auxiliares y alumnos- será poner empeño en esforzarse por estar más cerca de los que están a nuestro lado; más atentos a los que sufren; más sensibles frente a los necesitados; más acogedores con los que tenemos menos afinidad humana. Funcionar en “modo persona”, luchando por deponer egoísmos, que muchas veces llevan a la indiferencia, cuando no a una actitud hostil, hacia quien consideramos distinto y que no merece nuestra atención. Se trata en definitiva de mirar rostros. Mirar rostros en la casa, en el trabajo, en el colegio y en la calle. 

Si nos esforzamos en detenernos en los demás, rápido llegaremos a la conclusión de que mirar hacia afuera es la única manera de mirar más profundamente dentro.