¡Además el discurso del apoderado Mario Gorziglia!

Con gran premiación despedimos a la generación 2017

09 de Noviembre de 2017

Anoche el Colegio Tabancura recibió a los alumnos de cuarto medio del Colegio para despedirlos, hacer la entrega oficial de los premios y distinguir a los alumnos con sus respectivos sellos ¡Aquí fotos con los premios y el discurso del apoderado Mario Goziglia a los papás en la premiación de IV° medio!

 

Señor director, miembros del Consejo de Dirección, profesores, administrativos y auxiliares del Colegio Tabancura, estimados padres y familiares, queridos casi ex-alumnos 

Quiero comenzar estas palabras en representación de los padres, con un profundo agradecimiento a todas las personas que conforman el Colegio Tabancura por su activa colaboración durante estos 12 años, en una de las tareas más importantes de nuestras vidas: la formación y educación de nuestros propios hijos. Y hablo de activa colaboración porque desde muy al comienzo, desde esos cursos de primeros pasos que todos tuvimos que hacer, nos enseñaron que los primeros responsables de esta tarea éramos nosotros mismos.  Muchos habíamos llegado con la idea que esta era una tarea de Uds. y que nosotros solo cumplíamos nuestra parte con haber elegido un buen colegio. Qué equivocados estábamos y que importante fue involucrarnos en este maravilloso proceso. 

Gracias a que entendimos esto, pudimos vivir y ser parte de tantas ceremonias, hitos, eventos y actividades que marcaron a esta generación 2017: Ese primer día de clases donde acompañamos a nuestro hijo hasta la sala, nos quedamos nerviosos para ver si interactuaba con sus nuevos compañeros; esperando a conocer a ese profesor jefe, los veíamos tan chicos que nos hubiera gustado a lo mejor que siguieran con tía del Cantagallo. Pero qué bien les haría ese profesor en esos primeros años. La primera confesión y luego la primera comunión, tan bien preparadas por la capellanía del colegio donde se iniciaba a nuestros hijos en la fe, y con ellos nosotros también crecíamos espiritualmente. Las exposiciones de academias, que con tanta creatividad y dedicación preparaban los profesores del primer ciclo. Más de alguno todavía no podrá olvidar por más que quiera, ese paseo padre-hijo al Parque Nacional La Campana, que depararía una mala noche a muchos de los presentes, pero que nos permitía conocer más a los amigos de nuestros hijos y a sus papás. Y luego vino la fiesta de los octavos donde nuestros hijos se estrenaban en forma muy glamorosa con chaqueta y corbata, con niñitas que tenían vestidos que nos parecían muy de cortos y que en muchos casos los sobrepasaban en tamaño. 

Como no recordar las miles de charlas sobre educación, motivación, convivencia escolar, alcohol, drogas, redes sociales. La kermesse, el viaje de estudios al norte (en avión y organizado por una agencia, nada menos), el festival Tabapalloza que luego mutaría  a “Casablanca”, la noche naranja, el interescolar, las competencias de barras, el machitun, que generaba tanta mística para el día decisivo que se vendría en atletismo, la obra de teatro, la ceremonia del corpus christi, la semana del inglés, las campañas sociales, la copa CAT, la semana del colegio (donde nos enterábamos de los enfrentamientos entre marranos y anguilas…), la enfermería de don Valter donde nuestros hijos recibieron atención médica de primer nivel…

Gracias Colegio Tabancura por habernos hecho partícipes de todo esto.

Quiero agradecer especialmente a todos y cada uno de los profesores que tuvieron nuestros hijos a lo largo de estos años y a los cuales conocimos bien, no solo por esa entrevista personalizada y bien preparada, que nos permitía conocer mejor a nuestros hijos, sino porque siempre estuvieron disponibles para escucharnos y recibirnos. Uds. saben mejor que nadie lo poco comprendida que puede resultar a veces la labor del profesor, especialmente en sus propios alumnos. Sin embargo, lo que han dejado en estos alumnos, va a trascender sus propias vidas. Créanme que aún guardo grandes enseñanzas de mis profesores del colegio, algunos de ellos están acá y han sido profesores de nuestros hijos, otros ya murieron, pero lo que aprendimos de ellos sigue muy vivo en nosotros.

Gracias sacerdotes del colegio Tabancura, que acompañaron espiritualmente a nuestros hijos y han cimentado las bases para que algún día sean ciudadanos del cielo.

Quiero agradecer también a los auxiliares y administrativos del colegio, que con su espíritu de servicio y buen humor ayudaron también a nuestros hijos en esta tarea, haciéndoles más llevadera la carga que a veces se hacía pesada.

Gracias a todos lo que durante estos 12 años convirtieron a esos niños que algún día trajimos al colegio en los grandes hombres que hoy son. 

Han pasado más de 32 años desde que egresé de este colegio y créanme que hoy me siento más orgulloso que nunca de ser Tabancureño. Hay muchas cosas que han cambiado, por de pronto este espacio Tabancura, nosotros éramos bastante más pobres en infraestructura y solo destacábamos en atletismo. Jamás se nos hubiera ocurrido que nos podría ir tan bien en campeonatos de fútbol, que tendríamos rama de rugby, que ganaríamos campeonatos de debates, que tendríamos un coro reconocido a nivel nacional, o que habría una activa asociación de exalumnos, solo por mencionar algunas cosas. La de Uds. es una generación que le ha tocado ver muchos logros.  Sin embargo, hay algo que sigue siendo igual que hace más de 30 años: el espíritu del Tabancureño. El Tabancureño tiene un sello que marca: el sello del trabajo bien hecho y la lucha por ser un cristiano coherente. No es casualidad que estos sean los mismos sellos que nos ha propuesto el Director a principios de este año.

El Colegio Tabancura entrega sólidas convicciones que nos permiten navegar con un norte claro en un mar lleno de confusiones. Al ex alumno del Colegio no le vienen con cuentos, tienen las cosas bien claras; No saben qué valioso e importante es eso en el Chile de hoy. Nos podremos equivocar mil veces, pero esas sólidas convicciones nos permitirán levantarnos una y otra vez y enderezar el rumbo. Esto realmente se agradece. Tener sólidos principios y valores que iluminan toda nuestra vida y que nos permiten afrontar las pequeñas y grandes contracciones que más temprano que tarde aparecen.

Ahora me dirijo a Uds. queridos alumnos, para darles, con toda humildad, cuatro consejos, sin otro derecho que el haber estado hace 32 años ahí mismo donde están sentados Uds. en este mismo colegio, con menos infraestructura como dije antes, (estábamos al aire libre), pero con la misma ansiedad y con la misma sensación del condenado a prisión que acaba de salir en libertad, pero que al mismo tiempo, está lleno de temores de enfrentar solo la vida. 
   

Primero. Júntense mucho, véanse mucho; no se pierdan. Organicen un fútbol semanal o busquen cualquier excusa para reunirse. Cuando se junten se van a reír una y mil veces con las mismas anécdotas y contadas de la misma manera. De ahora en adelante van a conocer mucha gente y tendrán muchas relaciones en la universidad, en el trabajo, etc., y es muy bueno que así sea porque Uds. debe ser universales. Pero cuando se junten con los ex – compañeros de colegio se van a dar cuenta que es distinto; es como volver al hogar. Los verdaderos amigos son los del colegio.

Por eso mismo tengan especial preocupación por ese ex - compañero que por distintas circunstancias de la vida lo habrá pasado mal. No lo dejen nunca botado. Tienen una historia en común.

Segundo: Sirvan a los demás y sean humildes. Sepan que están empezando una carrera, que es la carrera de la vida, con mucha ventaja. Probablemente en la universidad les va a costar menos que al compañero del banco del lado (es uno de los beneficios de haber estado en un colegio exigente). Probablemente tendrán muchas más oportunidades de todo tipo que la mayoría de los jóvenes de su edad. Esto, queridos alumnos, no es mérito de Uds., y se lo deben principalmente a Dios y sus padres. Usen esa ventaja no solo para enriquecimiento personal sino que para servir a los demás. Mucho se dice hoy que uno debe seguir su sueño. Puede que haya algo de verdad en eso, pero el Tabancureño va más allá: Sabe que ha recibido mucho y su vocación es dar lo que ha recibido.

Tercero: Cuiden su fe. La fe es un regalo que hay que agradecer todos los días y es, sin duda, lo más grande que tienen. Sin embargo la fe hay que cuidarla y cultivarla, porque se puede ir apagando hasta desaparecer. Desgraciadamente el colegio no la puede garantizar. Tengo compañeros que han perdido la fe y les puedo asegurar que es de las cosas más tristes.
Hasta hoy, aquí en el Colegio, han tenido todo para vivir la fe como verdaderos cristianos. A partir de ahora pasa a depender solo de Uds. 

Cuarto: Quieran a sus padres, trátenlos y acompáñenlos el mayor tiempo posible. No los van a tener para siempre y aunque hayan salido del colegio queridos alumnos y sientan que son personas maduras y formadas, tengan claro que todavía tienen mucho que aprender de sus padres. 

Baste recordar cómo cambia la relación entre los padres y sus hijos a medida que éstos crecen: Cuando el hijo es pequeño todo lo que dicen los padres es cierto y nunca se equivocan (son una especie de superhéroes); luego empieza la decadencia y en muchas cosas “parece que los papás no tienen la razón”. Más adelante pensarán que el papá y la mamá están permanente equivocados, porque “no saben nada de nada”. A lo mejor algunos de Uds. se encuentren en esta etapa. Sin embargo, a medida que pase el tiempo pensarán: “parece que el Papá y la Mamá tenían razón en algunas cosas” Y sin darse cuenta llegará el día en que dirán: “Ojalá estuviera mi papá para pedirle un consejo.”

Muchas gracias