Escrita por el Director del Colegio, Santiago Baraona

Columna en El Mercurio: "¿Dónde nos jugamos la calidad de la educación?

19 de Agosto de 2018

Nuestro sistema educativo escolar enfrenta múltiples dificultades. En forma continua, aquí y allá se nos llama la atención sobre algún aspecto que estamos descuidando. Un día es el déficit en comprensión lectora o al día siguiente es que no responde a las necesidades del siglo XXI. Al revisar las diversas polémicas que el tema educativo suele levantar, queda la duda de si en definitiva comprendemos cuál es el verdadero corazón del problema: en mi opinión, se trata de una insuficiente valoración de la importancia del profesor en el proceso educativo.

Es auspicioso que tanto la autoridad educativa como la sociedad civil promuevan iniciativas tales como el plan “Todos al Aula” o “Elige Educar”. ¿Por qué? Porque permite al profesor más tiempo de dedicación a las clases y, con menos “papeleo” y control, gozar de mayores grados de confianza para hacer bien su trabajo.

Quienes están en las trincheras de la educación escolar saben que lo que ocurre en la sala de clases es en buena parte consecuencia de lo que pasa fuera de ella. El fundamento de una buena hora lectiva es la hora no lectiva. El partido de la calidad se juega en definitiva en una clase cuidadosamente preparada: objetivos claros, metodología adecuada y evaluación orientada al aprendizaje. El aumento en la proporción de horas no lectivas versus horas lectivas que plantea el plan de carrera docente va en la línea correcta, aunque todavía falta para llegar a una relación que permita, por un lado, calidad de las clases, y por otro, evitar la sobrecarga de trabajo que muchas veces conduce al estrés laboral de los profesores.

Como es lógico, una carga lectiva adecuada no es una llave mágica para asegurar calidad. El ambiente de trabajo en el que se desenvuelve el profesor es decisivo. Es responsabilidad de los sostenedores y de los directivos, generar las condiciones para que el tono que predomine en la cultura del colegio sea la confianza y el respeto. La confianza es uno de los activos más poderosos que debe promover un centro educativo si busca la calidad. En un colegio hay confianza cuando se trabaja con libertad, sin excesivos controles, con el mínimo de burocracia, y con profesores que saben que si hacen su labor con profesionalismo cuentan con el respaldo de los directivos.

Las reglas claras pueden ser un buen resguardo de la confianza. En este sentido los reglamentos internos de convivencia escolar, si son equilibrados, son un buen instrumento para instaurar una cultura de confianza. Se advierte eso sí, en las orientaciones que emanan de las autoridades, un cierto énfasis en el resguardo de los derechos de los alumnos, los cuales sin duda hay que respetar; pero a la vez, pocas herramientas para asegurar el derecho del profesor a “trabajar en un ambiente tolerante y de respeto mutuo” y a que se “respete su integridad física, psicológica y moral, no pudiendo ser objeto de tratos vejatorios, degradantes o maltratos psicológicos por parte de los demás integrantes de la comunidad educativa” (Ley General de Educación, art. 10 letra c).

Si queremos una educación de calidad tenemos que tomar muy en serio la advertencia del destacado intelectual francés George Steiner: “Una sociedad como la del beneficio desenfrenado, que no honra a sus maestros, es una sociedad fallida”. Mientras no mejoremos sustancialmente las condiciones de trabajo de los profesores, asegurando que tengan una justa carga de trabajo académico, tiempo suficiente para atender a los alumnos y sus apoderados, horarios que permitan el trabajo en equipo y el perfeccionamiento, y una cultura escolar que promueva la confianza y en la que verdaderamente se les respete, la calidad a la que aspiramos será una quimera y de paso, la manifestación de una grieta social profunda y preocupante.

Aquí algunas reacciones de la gente en las redes sociales y en la nota escrita en Emol.